Reseña: “Alicia en el país de las maravillas”

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“Alicia en el país de las maravillas” es un libro sorprendente. Sorprendente porque no es lo que uno espera de él tras haber visto la película (el exceso visual de Tim Burton era mi único referente hasta la fecha) y sorprendente porque es mucho más infantil de lo que uno creía pero, al mismo tiempo, es mucho más adulto.

Infantil porque las aventuras de Alicia no son más que un montón de “ocurrencias” de Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dodgson era su nombre real) que no tienen un hilo conductor demasiado claro. Hace poco vi “El Mago de Oz” y, aunque desconozco el grado de fidelidad de la película hacia los libros de L. Frank Baum, sí que pude reconocer en ella un argumento y arco de personaje claros: Dorothy descubre, tras todas sus aventuras, que en realidad “no hay ningún sitio como la casa de uno mismo”. En “Alicia…” no detecto mensaje, moraleja o enseñanza alguna en el libro en su conjunto; aunque sí hay ciertas disquisiciones y reflexiones -profundamente adultas pero planteadas a modo de adivinanzas o juegos- sobre la identidad personal, la pertenencia o no a un grupo o sobre relatividad del tiempo.

A este respecto cabe destacar un pasaje memorable del libro (el que he leído yo es una edición básica de Penguin Popular Classics) en el que el Sombrerero Loco le dice a Alicia que uno puede disponer del tiempo a su placer, o al menos él puede acelerarlo o retrasarlo a su voluntad (quién pudiera, ¿verdad?):

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Sin duda, el Sombrerero es la estrella de la función, aquí tenemos otro de sus momentos estelares, cuando le explica a Alicia que ellos están eternamente tomando té:

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Reflexiones más o menos serias aparte, el libro no abandona ese tono “paródico y risueño”, lleno de juegos de palabras, acertijos y requiebros del lenguaje en todos los capítulos. Una buena muestra es este párrafo en el que para describir algo en apariencia sencillo, se marcan un speech de mucho cuidado:

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Otro juego de palabras divertido es el que confunde (voluntariamente, por supuesto) la palabra “tail” (cola) y “tale” (cuento) que se pronuncian igual en inglés… el resultado es que un ratoncillo cuenta su historia (tale)… ¡con la forma de una cola (tail)! Mirad el efecto que hay en el libro en la colocación de las palabras. Mola, ¿eh?

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A lo largo de todo el libro se ve un dilema en la forma de ser de Alicia, que muchas veces intenta comportarse “como una adulta” o hablar consigo misma como si fuera dos personas distintas… sin obtener ningún resultado (es decir, sin poder escapar de “Wonderland”, cosa que solo logra al final y por pura deus ex machina). Cuando el libro habla de estos asuntos propios de Alicia, se pone algo más serio:

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Pero, como decía, el libro es un asunto entre divertido y juguetón. No he destacado los iconos/momentos más reconocibles porque ya los conocéis todos. Dos detalles finales que me hicieron gracia, la descripción de la pócima que se bebe Alicia (describe el sabor con tanto detalle que me recordó a algunas de las descripciones tan golosas de “Charlie y la fábrica de chocolate”):

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Y el comienzo del libro, con el dibujo del conejo y ese disgusto inicial de Alicia por los “libros sin dibujos”… cuando el de Alicia, al menos el de Penguin, está lleno de ellos.

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Guiños así plagan todo el libro y crean una aventura tan amable como liviana, con una imaginaría visual portentosa, pero con una floja estructura interna y unos personajes que se quedan en la superficie. Es muy recomendable leerlo, claro, es un clásico imperecedero con algunos momentos sublimes. Solo por ellos ya merece la pena su lectura. (Lee más reseñas aquí)

The Apple 3 de 5

He leído este libro como parte del reto Libros y Fotogramas de Niebla de Noviembre, un blog estupendo que os invito a descubrir

5 cosas que no sabías de “The Host” (“La Huésped”)

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¿Ya has visto la película de Andrew Niccol y has leído nuestra crítica? Es la hora de descubrir 5 cosas curiosas de la producción y el rodaje de “The Host”:

  1. Dianna Agron hizo una prueba para el papel de Wanda/Melanie, que perdió a manos de Saoirse Ronan. La actriz de “Glee” ya protagonizó en su momento “Soy el número cuatro”, fallido lanzamiento de franquicia teen basada en una serie de novelas de Pittacus Lore. Curiosamente, Jake Abel (Ian en “The Host”) tuvo un pequeño papel en “Soy el número cuatro”.
  2. Un buen número de actores teen se presentaron para los papeles masculinos protagonistas, Jared e Ian. Liam Hemsworth (“Los Juegos del Hambre”), Jai Courtney (“La Jungla: Un buen día para morir”), Shiloh Fernandez (Caperucita Roja) y Kit Harington (“Juego de tronos”) optaron al de Jared; mientras que Ian Somerhalder (“The Vampire Diaries”), Dane DeHaan (“Chronicle”, “The Amazing Spider-Man 2”) y Augustus Prew (“Los Borgia”, “Kick-Ass 2”) optaron al de Ian. Max Irons y Jake Abel se hicieron con ellos finalmente.
  3. Max Irons (Jared en la película) es el hijo de Jeremy Irons, que este año ha estrenado otra primera parte de adaptación de novela Young Adult, “Hermosas Criaturas”.
  4. Jake Abel (Ian) ya había sido compañero de reparto de Saoirse Ronan en una película, “Desde mi cielo” (“The Lovely Bones”).
  5. Aunque Diane Kruger está muy bien en el papel de La Buscadora, es divertido imaginar qué hubieran hecho con el papel las tres actrices a las que les fue ofrecido pero que terminaron rechazándolo: Claire Danes (“Homeland”), Eva Green (“Casino Royale”, “Sombras Tenebrosas”) y Hayley Atwell (“Capitán América”, “Black Mirror”). Personalmente, creo que Claire Danes lo hubiera bordado y hubiera ofrecido, quizás, una versión de La Buscadora algo más desenfrenada y paranoica.

Crítica: “The Host” (“La Huésped”)

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Con una idea de partida tan atractiva (¿qué pasaría si “La invasión de los ultracuerpos” no fuera el final sino solo el principio? ¿Y si la persona sustituida por el alienígena se negara a morir dentro de su cuerpo?), me quedé un poco chafado cuando leí “The Host”, la novela de Stephenie Meyer. De hecho, confieso que no llegué a terminarla. Llegó un momento (no mucho más tarde de entrar en las cuevas, si lo habéis leído ya sabéis cuándo) en que se me hizo aburrida, tediosa y poco menos que rutinaria, como si toda la emoción y la aventura que se le podía sacar a la historia hubiera sido dejado de lado en favor de una exploración personal que nunca avanzaba lo suficiente, o lo suficientemente rápido, para mi gusto. Tengo pendiente terminar la novela para corregir (o no) mi primera impresión. Mientras eso llega, he rellenado los huecos con “The Host”, la película. Y no solo eso, sino que he recuperado (en parte) esa emoción y aventura que no conseguí de la novela.

Y es que la cinta dirigida por el neozelandés Andrew Niccol (director de “Gattaca” o “In Time”, y autor de guiones como “El show de Truman” o “La Terminal”) consigue elevarse por encima del material de partida (justo al contrario del tremendo extravío que es “Hermosas Criaturas” de Richard LaGravenese, que ridiculiza y empequeñece un libro maravilloso) para extraerle el jugo al tremendo potencial que ya se percibía en la novela de la Meyer, que venía a ser una de invasiones alienígenas con romance teen de por medio y un triángulo o incluso cuarteto amoroso con tan solo tres personajes. Si la idea de una chica adolescente poseída por una alienígena peleándose cada una por un chico distinto no te hace gracia, está claro que esta película, y la novela en la que se basa, no es para ti. Si entras en el juego, si estás dispuesto a aceptar algunos momentos ridículos con tal de ver a dónde te lleva el viaje, “The Host” te sorprenderá en más de un sentido.

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En los anteriores trabajos del director se puede rastrear cierta querencia por un tema en concreto: el del individuo, aislado, ante un entorno que le es hostil. Tom Hanks atrapado en un aeropuerto del que no puede salir y en el que nadie le entiende, Ethan Hawke en una sociedad futura y perfecta en el que las imperfecciones que él esconde no tienen cabida, Jim Carrey actuando para una audiencia global que se relaciona con él a través de una pantalla… En “The Host”, Niccol lleva su tema preferido un paso más allá, ya no es solo una alienígena atrapada entre humanos, sino que es una adolescente atrapada en una alienígena atrapada a su vez en un planeta que no es el suyo, ¡maravilloso! La elección del director, que también ha escrito el guión, es poco menos que perfecta para una película de estas características. Este aislamiento del individuo ante una sociedad aséptica, anestesiada, se puede observar en sus planos anchos, bastos, gigantes de enormes paisajes o supermercados o carreteras con un único personaje en el mismo, apenas perceptible.

Y una premisa tan loca, tan descabellada, pero tan apasionante, solo podía llevarla adelante con una actriz competente, que nos vendiera la moto de que es dos personas al mismo tiempo, la una luchando con la otra. Saoirse Ronan, la neoyorquina de nacimiento pero irlandesa de corazón, borda su papel de Wanda/Melanie con la sobriedad y autocontrol requerido por el mismo. No era tarea fácil, pero no recuerdo un solo plano en el que no me la creyera. La actriz tiene que lidiar con ciertas escenas y diálogos que son tela marinera pero las saca adelante sin problemas.

Los momentos de Wanda/Melanie con sus dos intereses románticos: Max Irons (al que le veo presencia de estrella) y Jake Abel, son creíbles, divertidos y/o emotivos según toque (si bien sobrarían un par de batidas en ambos casos y podrían haberse aligerado algo ambas tramas, a la película le sobran 15-20 minutos). Diane Kruger, la bellísima actriz de “La Búsqueda” y mujer de Joshua Jackson, cumple con nota en su papel de Buscadora, que podría haberse ido a la caricatura y consigue hacer creíble. William Hurt aporta la clase y la convicción esperadas.

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“The Host”, entretenida, bien rodada y visualmente poderosa (en pantalla grande y en definición digital es una gozada), está lejos de ser perfecta; sufre de cierto esquematismo en su segundo acto, que podía resumirse así: Wanda hace algo en las cuevas, La Buscadora busca pistas de ella en el desierto con cara de mala, Wanda hace otra cosa en las cuevas, La Buscadora busca más pistas con cara de aún más mala… Me daba miedo que fuera a pasarme como con la novela y desconectar, pero la película se recupera del bache. Y las preguntas que quedan en el aire (¿cómo se produjo la invasión extraterrestre? ¿qué destino espera a nuestros personajes tras ese final? ¿cómo una raza alienígena sin sentimientos pasionales empieza a mutar en otra cosa?) son a fin de cuentas interrogantes que dejaba la novela original, ¿quizá para empezar a resolverlas en futuras entregas?

Podríamos decir que nos encontramos ante una adaptación “de autor” de un libro Young Adult, Andrew Niccol lleva con mano firme la historia, sin que caiga en el ridículo, el aburrimiento o los lugares comunes de este tipo de producciones… casi siempre. “The Host” es una buena película y una excelente puerta de entrada a lo que puede ser una franquicia de éxito, quizá no “la nueva Crepúsculo” como esperan (y anuncian en los pósters) los productores, pero sí una saga divertida y respetable. Veremos. (Pincha aquí para leer 5 cosas de The Host que no sabías)

The Apple 3 de 5