“Insurgente” es una palabra rara, y una película mediocre

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“Insurgente” es una película que no cuenta nada. Tenemos un montón de elementos ahí, desparramados por la pantalla, a ver si alguno pega con el otro y sale la moneda de cara y lo llamamos película. Pero no. Tenemos a la aspirante a Katniss Everdeeen haciendo de “líder” de la revolución -o lo que sea esa marabunta de personas que van tras de ella a no sabe muy bien dónde-, tenemos a la mala oficial -una Kate Winslet menos exagerada que en la primera parte- y tenemos muchos efectos especiales como de XBox Live, con realidades virtuales que añaden aún más confusión a la mezcla. Pero ¿historia, motivaciones, mensajes? Cero patatero. Y en dos horas que dura el invento, tiene delito.

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El director de “Insurgente” es un señor alemán llamado Robert Schwentke, un delincuente que viene ya con antecedentes: “Red” o “Departamento de policía mortal” son suyas. Este tipo se las ingenia para desarmar lo poquito que había conseguido el director de “Divergente”. Porque no es que la primera parte fuera una maravilla, pero al menos Neil Burger le insufló energía y vidilla a lo que no era más que un rip-off descarado de “Los Juegos del Hambre”. Bueno, pues llega el alemán y lo manda todo a tomar viento. Las secuencias de “sueño/realidad alternativa”, imaginativas e intrigantes en “Divergente”, son ahora un batiburrillo obsceno y aburrido. Un mamotreto insoportable, francamente. Y creo recordar que en la primera parte, cada sueño/realidad alternativa ayudaba a la protagonista a progresar en su historia personal. Ahora solo ayuda a pensar en qué te vas a hacer de cena cuando llegues a casa.

Cuando a la media hora ya ves que eso no va a levantar el vuelo, piensas “oye, a lo mejor los actores me salvan la papeleta”. Bueno, pues tampoco. Shailene Woodley, estupenda actriz, no es Jennifer Lawrence. Esta chica no ha roto un plato en su vida y que nos la quieran vender como heroína de acción pues no cuela. Hay una escena en la que tienen que bajar una escalera ella y su novio. Atentos a sus maneras bajando una escalera. Repito: es una actriz estupenda (comprobadlo en “The Spectacular Now” o “The Descendants”), pero ha sido mal elegida. Luego tenemos a Theo James, que tiene el mismo carisma de un palo de escoba. Más tarde aparecen en escena Naomi Watts, y es cuando entiendes el dicho ese de “más perdido que un elefante en una cacharrería”. Y no me hagáis hablar de Maggie Q. Que el mejor actor de la función sea Jai Courtney (su persecución de la protagonista al comienzo del film merece un aplauso) dice mucho de cómo está el nivel.

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Ah, también sale Miles Teller. Lo de este actor es curiosísimo. Hay veces que dan ganas de pegarle un abrazo de lo bien que lo hace (“Whiplash”, “The Spectacular Now”) y hay otras que le darías con un paquete de guisantes congelados en la cabeza de lo insoportable que está (“Una noche loca”). En “Divergente” es más bien la opción número dos. Se toma aquello como un corto grabado en casa con los colegas, como si no fuera con él la cosa, él ha ido a por el cheque. Kate Winslet, como digo, intenta reprimir su tono cartoon de la primera parte, y lo consigue. No dudo de que ha sido iniciativa suya tras verse en la primera parte. El alemán ni se enteró de esto.

Resumiendo: una historia tan hueca, increíble y ripeadora de éxitos ajenos merecía a un director competente para vendernos la burra. Pero el tipo que está al frente es un incompetente. El resultado es que el castillo de naipes que era la primera parte (entretenida y hueca como un huevo Kinder) se ha caído estrepitosamente. Quizá lo peor que puedo decir de “Insurgente” es que, tratándose de una historia de liberación del mundo, realidades virtuales, persecuciones a vida o muerte, distopías y cortes de pelo porque sí… es que es aburridísima. Y en eso no creo que haya muchas opiniones divergentes.

manzanasç

Ah, que no se me olvide:

insurgenterae

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